sábado, 23 de septiembre de 2017

Domingo XXV del T. O.- A


DOMINGO XXV DEL T. ORDINARIO - A


CERCA ESTA EL SEÑOR DE LOS QUE LO INVOCAN

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Es un gozo grande, poder reconocer y admirar la trascendencia de Dios junto con su bondad y cercanía; experimentar su poder y su amor, que, tan a las claras, se manifiesta en sus bondades con todas las criaturas y en su actuar cordial y cariñoso con nosotros, los hombres, hijos suyos, tan entrañablemente amados... Y, porque su manera de ser y de actuar es tan paternal, generosa, gratuita, que llega a  superarnos  en todo, no ha de extrañarnos que, también, nos sorprenda en extremo. Es lo que nos  recuerda  el mismo Señor, por el  profeta Isaías: “Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes”.

                     A este Dios tan excepcional, que nos sobrepasa en bondad, justicia y generosidad; con admiración y agradecimiento le alabamos cantando el salmo l44, un poema hermoso, que ensalza a Yahveh en su  realeza universal y perpetua, y que, de modo tan  admirable, ejerce desde su poder y su amor. Valores, en los que, asienta precisamente, su grandeza y excelsitud,  la que el salmista admira, alaba y bendice en todo momento:
 
Día tras día te bendeciré, Dios mío,
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor y merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza.

                    Desde una fe sincera y profunda, el salmista, pasa a describir con gozo y entusiasmo, las cualidades propias  que ha de tener todo rey, que se precie de ser justo y bueno; por lo que, Yahveh, ha de poseerlas en grado excepcional, pues, ejerce su gobierno, no solo sobre Israel, su pueblo, sino que, su reinado, glorioso, universal y perpetuo, abarca a todos las naciones; que, también,  habrán de alabarle y ensalzarle:
 
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

                    El comportamiento bondadoso y cariñoso de Yahveh, se manifiesta al salmista, y, a todo Israel, en su justicia salvadora, en la fidelidad a sus promesas y en su misericordia con todos, pero de manera especial con los que humildemente le invocan y acuden a Él en sus dudas y necesidades:

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que le invocan sinceramente.

                    Y, puesto que el Señor nos sigue bendiciendo y lo hará siempre, desde la trascendencia de su poder y con la cercanía de su amor; su manera de actuar, ha de ser, para nosotros, una invitación constante a proclamar la gloria y majestad de su Reinado, con nuestra alabanza de bendición y de acción de gracias.

                    Más, como  el Señor sigue siendo  justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones, su justicia ha de revelársenos en el modo misericordioso, gratuito y bondadoso de su obrar, siendo para los que le invocamos y servimos un derroche de gozo y felicidad

                    Este obrar, justo y misericordioso, propio de Dios,  lo hace suyo Cristo Jesús, que se hizo hombre para hacer la voluntad del Padre y salvar a los hombres. Y, si es verdad, que Cristo Jesús, nos admira por ser bondadoso  y misericordioso con todos sus seguidores, no ha de extrañarnos que su amor gratuito y su salvación, también sea para todos los hombres, incluyendo a los pecadores y a los más pobres y alejados, pues ellos son, precisamente por esto, sus predilectos, los más necesitados de su ternura y de la ayuda solidaria de los más favorecidos:

                   Y, vemos a Jesús, en la parábola evangélica de hoy, actuando, con libertad, en bien de ellos: “ASÍ, LOS ÚLTIMOS SERÁN LOS PRIMEROS Y LOS PRIMEROS LOS ÚLTIMOS”

                    Y, de esta manera de actuar, tan gratuidad, justa y generosa, que caracteriza a Dios y a su Hijo, Cristo Jesús, hemos de aprender todos los que somos y nos consideramos cristianos, para que, también, nuestro corazón, pueda ser  un derroche de amor y generosidad para con los demás y, sobre todo, para con los más pobres y  menos creyentes de nuestro entorno; de este modo, conseguiremos fomentar, también, el espíritu de concordia, de paz y de  fraternidad que tanto necesita nuestra sociedad.

jueves, 14 de septiembre de 2017


EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

NO OLVIDÉIS LAS ACCIONES DEL SEÑOR

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                  Todas las acciones de Dios hay que recordarlas siempre, porque son salvadoras, prolongaciones de su bondad y de su amor misericordioso, dispuesto, en todo momento, a comprender  y  perdonar. Nos lo recuerda el salmo 77, considerado como “salmo histórico”  ya que,  en el período posexílico, narra las hazañas vividas  en el desierto, después de haber sido liberado  Israel de la esclavitud de Egipto por Yahveh, y del pacto de La Alianza del Sinaí.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
inclinad el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado.

                   Pero, Israel, no fue siempre fiel a Yahveh y se rebelaba contra Él. Añoraba lo que había dejado atrás, ante el miedo a la libertad y a  todo lo desconocido que se le ofrecía. El  Señor con amor, y pacientemente, trataba de educarlo en todo momento:

Y cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo, su redentor.

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él
ni eran fieles a su alianza.

                    En un episodio ocurrido en el desierto, Yahveh, les ordenó colocar una serpiente de bronce, sobre un palo en forma de estandarte, ya que, para castigar  los pecados que cometían, les envió serpientes que les mordían, por lo que, doloridos, se aclamaban  a Él, quedando curados cuando  miraban la serpiente elevada, puesto que, Dios, con su amor y compasión, les movía al arrepentimiento y les concedía el perdón salvador:

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor.

                     Este episodio de la serpiente levantada en el desierto, es figura anticipada de CRISTO ELEVADO EN LA CRUZ, en la que, el REDENTOR, en su abajamiento hasta la muerte por su entrega de amor, ha  resucitado para ser glorificado por Dios Padre. De esta manera, LA CRUZ, de instrumento de tortura y de muerte  pasa a ser motivo de resurrección gloriosa, de triunfo y de salvación universal: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”  Y, ÉSTA EXALTACIÓN DE LA CRUZ ES LO QUE HOY CELEBRAMOS Y ADORAMOS.
 

                    La fiesta de LA EXALTACIÓN DE LA CRUZ,  LA VICTORIA DE CRISTO JESÚS, es, para todos los cristianos, motivo de exultación y de gozo. La cruz es nuestra señal, como cristianos y seguidores del  Mesias, Salvador de toda la humanidad, Señor de la historia y de todo lo creado, Juez de vivos y muertos, porque, “DIOS LO LEVANTÓ SOBRE TODO”


                    Y, si, Cristo Jesús, está resucitado, “LEVANTADO SOBRE TODO” es para que, acudamos a ÉL, con el fin de mirarle con amor y hacerle conocer  todas nuestras ansias, inquietudes y temores, con la seguridad de que las acoja y salve. Acudamos también a Él, para interceder por todos los hombres y pedir por nuestro mundo, con el fin de que,  sea mejor y más habitable para todos. Y, Cristo Jesús, que es Resurrección y Vida, sanará nuestra sociedad de la cultura de pecado y muerte en que vive, y nos concederá la justicia y la paz que tanto deseamos. También, nos ha llenado de una gozosa esperanza en la vida futura, donde participaremos de su Victoria y de su Gloria para siempre.

Virgen de Consolación


MARÍA, MADRE DE CONSOLACÓN



MARÍA, TU DULCE NOMBRE CONSOLACIÓN

EL SEÑOR HA GLORIFICADO TU NOMBRE

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    “CONSOLAD, CONSOLAD a mi pueblo, dice vuestro Dios... Gritadle que se ha cumplido su condena y que está perdonada su culpa”. Así anuncia Isaías a Israel, el mensaje de SALVACIÓN de parte de DIOS. Liberación de las manos del opresor,  haciendo posible el  retorno glorioso de Babilonia a Palestina y la reconstrucción de su Templo; pues, sigue diciendo Yahveh, el Señor: “COMO A UN NIÑO A QUIÉN SU MADRE CONSUELA, ASÍ OS CONSOLARÉ YO; Y EN JERUSALÉN SERÉIS CONSOLADOS”. Tan inmensa  es la misericordia de Dios para con sus fieles, y tan grande su fidelidad, que se manifiestan en toda ocasión y duran por siempre.

                    Mas, el amor gratuito y misericordioso de Dios para con los hombres, se nos ha manifestado, de manera plena y desbordante, en su Hijo, Cristo Jesús  (su rostro salvador y su bondad personificada), por su muerte y gloriosa Resurrección; convirtiéndose, de esta manera,  en  REDENTOR y CONSOLADOR de todos los hombres, y, en fuente de paz y de bendición, para la humanidad entera, siempre hambrienta de perdón y de Salvación.
      
                    Y, porque, María Virgen, mujer humilde y sencilla, Hija de Sión, que vivía esperando la consolación de Israel, acogió en su seno al Verbo Eterno, Salvador del género humano, le acompañó en su vida mortal y, permaneció sufriendo junto a su Cruz salvadora, es, por lo que, mereció ser proclamada por Dios Padre, MADRE Y CONSUELO de todos los hombres, sus hijos, necesitados siempre de cariño y protección. 

                    De esta manera, Ella, María, Madre de todos los hombres, es CONSUELO Y ESPERANZA para el nuevo pueblo de Dios, para La Iglesia Santa, que sigue  peregrinando en la tierra, hacia la meta gloriosa prometida, en la eternidad Dios.

                    A María, pues, ensalzamos hoy, EN LA FIESTA DE SU SANTÍSIMO NOMBRE como  MADRE Y CONSUELO de todos los que nos sentimos hijos suyos, y, muy especialmente, de los más pobres y afligidos; y, con gozo, le alabamos y bendecimos, cantando los versos bíblicos, dedicados a Judit, y, que, en Ella, adquieren hondura de significado y plenitud:

El Señor te ha bendecido, hija nuestra,
más que a todas las mujeres de la tierra.
Bendito el Señor, creador de cielo y tierra.

                                       El Señor ha glorificado hoy tu nombre:
por eso, los que en adelante guarden memoria
de esta obra poderosa de Dios,
conservarán tu esperanza en el corazón.

                     Y, ante la inmensa bondad y ternura que hay en  los ojos de María, pues no caben en su maternal corazón, le pedimos,  que, en su oficio de amar siempre y consolar, no cese de mostrarnos a su Hijo Jesús, CAMINO, VERDAD, Y VIDA, para que, así, podamos conocerle más y mejor, e  imitar su vida y virtudes. También, para que, Jesús, llene  a su Iglesia de optimismo y esperanza, por la fe en su presencia y en su fiel seguimiento

                    Y, porque, María, Virgen y MADRE DE CONSOLACIÓN, hace dulce nuestro padecer, le rezamos, para que, cuantos sufren cualquier tipo de opresión e injusticia,  encuentren en Ella, y en su Hijo Jesús, el apoyo y la ayuda que necesitan.

                    También, pedimos a NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN, que mire con bondad, a estas hijas suyas, que la veneramos, en Xátiva, como MADRE Y PATRONA, para que,  desde el retiro de nuestra oración y silencio, gritemos a todos los hombres que, JESÚS es LA PAZ y LA CONSOLACIÓN que ellos tan afanosamente buscan y no encuentran.

                    Y, con el cariño y afecto que nos une, tenemos un recuerdo de gratitud, para con las hermanas que nos han precedido en el amor filial a nuestra MADRE DE CONSOLACIÓN, pidiéndoles que, desde el seno de Dios, no cesen de presentarle nuestra gozosa y sencilla alabanza:

TU DULCE NOMBRE CONSOLACIÓN,
sea, OH MARÍA, mi salvación.

sea, OH MARÍA, mi salvación.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Domingo XXIII del T. O.- A


DOMINGO  XXIII  DEL  T.  ORDINARIO -  A

OJALÁ ESCUCHÉIS HOY SU VOZ:
NO ENDUREZCÁIS VUESTRO CORAZÓN

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Si Dios  se goza, cuando estamos fraternalmente reunidos en  asamblea litúrgica  celebrando nuestra fe,  también se alegra cuando, con humilde y sincero corazón, reconocemos nuestras debilidades y pecados y nos convertimos más a Él; ya que, sólo viviendo en comunión de amor, se nos hace  presente su salvación, la gracia que nos diviniza y nos hace participar de su misma vida y bondad.

                    Del Dios, que tanto ama y desea nuestro bien, debemos cantar y proclamar  sus maravillas y excelsitudes, para mayor alabanza de su gloria. Y, lo hacemos, con el salmo 94, que nos ayuda, también, a tener en su presencia, una actitud de atenta escucha y de obediencia responsable, a su Palabra, junto con una postura humilde de rendida y profunda adoración.

                    El comienzo del salmo 94 es un himno que, alegre y jubilosamente,  invita a los fieles a la alabanza de Yahveh, el Dios fiel y leal a las promesas de La Alianza con Israel, el   pueblo que se había  escogido como heredad.  También  invita el salmo, a cantar y  dar gracias a Yahveh, porque, con su poder y soberanía, es La Roca firme que protege y salva  a Israel en los momentos duros y difíciles:

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

                    Sigue proclamando el salmista que, con actitud de sincera adoración, hay que bendecir siempre a Yahveh, el Dios  poderoso y creador que, como pastor solícito del pueblo,  le guía y  acompaña siempre, con mano firme y salvadora, hacia su meta definitiva, la tierra prometida,   a pesar de que, Israel, se desesperó y pecó contra  Él, cuando le faltó el agua en el desierto:

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

                    Pero, no solamente el salmista  invita a los fieles,  a la gozosa alabanza de adoración  y de acción de gracias a Yahveh, el Señor.  También les invita,  a vivir la propia vida de fe, de acuerdo con lo que  alaban y celebran litúrgicamente; de esta manera, pasa a ser, el salmo,  una exhortación profética, una llamada a estar siempre atentos a la voz del Señor Yahveh que, porque ama y quiere el bien de sus fieles,  les invita a tener el corazón volcado en Él, adoptando una  postura  abierta y de sincera conversión a las exigencias de su Palabra, junto con una actitud de confianza y abandono en su amorosa providencia:

Ojalá escuchéis hoy su voz:
“No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras”.

                    Y, así como nos relata el salmo, que el mismo Yahveh, el Dios de La Alianza, se complace en ser “EL GUARDIÁN DE ISRAEL QUE NO DUERME NI REPOSA”. Y, también, el profeta Ezequiel nos dice que ha sido constituido “ATALAYA EN LA CASA DE ISRAEL”, teniendo como misión,  escuchar la palabra de Dios para comunicarla al pueblo, y ser el vigía incansable que vela por el bien y la vida de los otros...

                    En los tiempos evangélicos, es Cristo Jesús, Palabra eterna del Padre, nuestro hermano mayor, guía y salvador del género humano, el que, nos invita con su ejemplo, a estar siempre unidos, amándonos unos a otros y ayudándonos a vivir mejor:

                    “Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. PORQUE DONDE DOS O TRES ESTÁN REUNIDOS EN MI NOMBRE, ALLÍ ESTOY YO EN MEDIO DE ELLOS”.

                    Y, es el mismo Cristo Jesús, el que nos exhorta, también, a estar atentos a la voz del Padre, para agradarle haciendo su voluntad, pues, en ello, consiste nuestra propia felicidad, por ser fruto de la paz y del gozo del Señor en nosotros.


                     Ideal cristiano, este, que solo conseguiremos y viviremos en plenitud, si hacemos de nuestra vida un seguimiento de Cristo Jesús; mediante  la  escucha atenta de su palabra evangélica y recibiendo el pan eucarístico, alimento que nos fortalece, nos da  vida y nos comunica alegría, hasta unirnos a Él, en la misma comunión de amor con el Padre y el Espíritu 

viernes, 1 de septiembre de 2017

Domingo XXII del T. O. - A


DOMINGO XXII DEL T. ORDINARIO - A
  
MI ALMA ESTÁ SEDIENTA DE TI, SEÑOR, DIOS MÍO

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Entre Dios y el hombre hay un continuo reclamo de amor. El hombre no cesa de buscar el rostro de Dios,  quiere adentrarse en Él y gozar de su cariño y cercanía, tener con Él una relación íntima y  personalizada, ya que,  en esta búsqueda intensa y apasionada, experimenta su más acabada y completa felicidad, pues,  se encuentra a sí mismo, y descubre su centro verdadero. También, por parte de Dios, sabemos que, su delicia, es estar con los hijos de los hombres,  sentirse acogido por ellos, para, de esta manera, amarles más y con mayor intensidad,  hasta colmarles de  gracia y de ternura.  Y, esta búsqueda y encuentro entre Dios y el hombre, esta relación de amor recíproco y siempre nuevo, es vivir ya, en un estado de oración sublime que une y transforma.  Y, una bella forma de expresar esta oración, contemplativa y profunda, es el salmo 62.

                    Este hermoso salmo, es un poema de confianza y de súplica individual. Los primeros versos, expresan el anhelo del salmista por su Dios, que le lleva a buscarle, hasta saciar el ansia de conocimiento y de amor que siente por su amado -y que,  apenas puede contener en el interior de su corazón-, en  la frescura de las aguas  puras y cristalinas,  que manan del costado, de  Aquel, que lo es todo en su vida, y, por tanto, el único que, de verdad, puede saciar su espíritu sediento de afecto y amistad:
  
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

                    El Salmista recuerda, después de un tiempo de distanciamiento con respecto a Yahveh, los días felices que había pasado en el santuario, cuando era   y se sentía “huésped de Dios”, al que contemplaba en su grandeza y majestad, desde una fe profunda  y, al que manifestaba su completa adhesión, en alabanzas  continuas, sabiendo que, acoger su gracia y su vida, era  lo mejor para él; pues  no hay  otra felicidad en la vida, que se le pueda comparar:

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tú gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

                    Este nuevo encuentro con Dios, llena al salmista de gozoso agradecimiento,  de promesas de fidelidad, y de deseos de hacer, de su vida, de todo su ser, un sacrificio de bendición y de alabanza a Yahveh, en reconocimiento de su gloria y majestad

Toda mi vida te bendeciré,
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

                    Y, por fin, el yahvista, entra en los profundos secretos de la mística, donde, todo es gozo y gratuidad, visión interior y éxtasis, vivencias que, el salmista, expresa con imágenes sugerentes, llenas de vida  y colorido:

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti
y tu diestra me sostiene.

                    A nosotros, los cristianos, se nos concede contemplar al Señor,  en  su Hijo Jesucristo, por lo que, hemos pasado  de ser “huéspedes de Dios”, con los lazos afectivos de La Antigua Alianza, a ser “hijos de Dios”, según La Nueva y Eterna Alianza por la que, Jesucristo, nos da la vida nueva, la suya propia, la que nos asemeja  a Dios, y nos va integrando en la misma relación trinitaria de vida y de amor que tiene con el Padre y el Espíritu Santo.

                    Pero, esta contemplación de Dios sólo se adquiere mirando a Jesús, a  “quien traspasaron”,  al que, habiendo abierto su costado con la lanza, derramó sobre toda la humanidad, su vida transformada en amor entregado hasta el extremo, con el que pudo transformar toda la humanidad en el Reinado de Dios. Contemplación de Dios, que, para los cristianos, siempre será a través de La Cruz Salvadora de Cristo Jesús, como nos lo indica el Evangelio:


                    -“El que quiera venirse conmigo QUE SE NIEGUE ASÍ MISMO, QUE CARGUE CON SU CRUZ Y ME SIGA; Si uno quiere salvar su vida, la perderá; PERO EL QUE LA PIERDA POR MÍ, LA ENCONTRARÁ”.

viernes, 25 de agosto de 2017

Domingo XXI


DOMINGO XXI DEL  T.  ORDINARIO
  
SEÑOR, TU MISERICORDIA ES ETERNA,
NO ABANDONES LA OBRA DE TUS MANOS

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    AGRADEZCAMOS A DIOS EL DON DE LA FE, su misma vida en nosotros; la salvación que nos abre al gozo de su amor, que nos descubre la verdad de su ser y nos introduce en su misma relación de vida y comunión.

                    Y, porque, con la salvación de Dios, fruto de su inmensa bondad para con los hombres, recibimos más de lo que podemos imaginar y desear, agradecidos, le alabamos cantando el salmo 137, con la certeza de que, siempre y en todo momento, nos seguirá ayudando y favoreciendo.

                    Estamos ante un salmo de acción de gracias colectivo, de los tiempos postexílicos, que reconoce y canta las bondades de Yahveh para con Israel, su pueblo elegido. También celebra y proclama su excelsitud y encumbramiento sobre los dioses de los pueblos vecinos, víctimas de sus victorias, pero, que, llegan a reconocerlo como   único Señor, al que hay que postrarse y darle gracias en su santuario:

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
delante de los ángeles tañeré para ti.
Me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a su santo nombre.

                    También, Yahveh, el Dios de Israel, es el único Dios que escucha siempre con interés y atención; y el que, atiende en todo momento cuando se le invoca, lo que, los otros dioses no pueden hacer. Pero, Yahveh, actúa de  manera tan atenta y servicial, porque es fiel a La Alianza, a sus promesas, y por lo tanto, misericordioso y leal con sus fieles, a los que se complace en cuidar y amar. Y, es tanta su generosidad,  tan grandes sus promesas, que superan su fama, logrando así, que la fe, del que ora como el salmista, crezca en intensidad, y pueda amar más y mejor:

Por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué me escuchaste,
acreciste el valor de mi alma.

                    Yahveh, por ser un Dios tan selecto y genial, se complace de manera especial, con los humildes y sencillos; lo que no hace con los soberbios, que no son de su agrado; pero, en su misericordia y lealtad, a todos ama y de todos se compadece, de manera que, su vida en nosotros, es gracia y salvación, fruto de la gran obra de sus manos que desea  llevar a plenitud:

El Señor es sublime, se fija en el humilde
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna
no olvides la obra de tus manos.
                                   
                    Y, esta hondura de fe, la vida de Dios en nosotros, que crece con las obras de amor y que ensancha el alma del orante dándole fuerza y valor, es la que, pudo arrancar de Pedro, la más bonita y sublime confesión de fe sobre la divinidad de  Cristo Jesús: “TÚ ERES EL MESÍAS, EL HIJO DE DIOS VIVO” Reconociendo, de este modo, la grandeza, el poderío, la gloria y excelsitud de Dios Padre en su Hijo Jesucristo, Señor de todo lo creado; origen, guía, y meta del universo.

                    Poseer esta fe, es pertenecer al pueblo convocado por Cristo Jesús, a su Iglesia, que, Él mismo, como Roca firme, sostiene y fortalece, y que, es vida y comunión de todos los creyentes. La Iglesia, que nos congrega como Madre y que, no cesa de confesar la divinidad de su fundador con su fiel testimonio: viviendo, colaborando y haciendo posible los planes de Dios con respecto a los hombres; su reinado  entre nosotros.


                    Y, deber de todos los hijos de La Iglesia, de todos los cristianos, es celebrar y confesar LA SALVACIÓN GRATUITA DE DIOS EN SU HIJO JESUCRISTO, SEÑOR NUESTRO, para testimoniarla con gozo y entusiasmo, de manera que, otros puedan aceptarla y hacerla suya, hasta poder vivir en la misma comunión de amor a la que estamos llamados, con el Padre, en su Hijo Cristo Jesús, por el Espíritu.

viernes, 18 de agosto de 2017

Domingo XX del T. O.- A


DOMINGO  XX  DEL T. ORDINARIO - A

 OH DIOS, QUE  TE  ALABEN  LOS  PUEBLOS,

QUE  TODOS  LOS  PUEBLOS  TE  ALABEN

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Al Dios inmenso, que supera fronteras y espacios llenando el universo de su gloria y majestad; al Dios, que siempre nos quiere dar su salvación, sólo se puede llegar por la fe; una fe honda y confiada; la fe auténtica que conduce a la oración y que, con su fuerza y poder, lo transforma todo  haciéndolo nuevo.

                    Y, porque Dios, llevado de su poder y bondad,  ha creado el universo por la verdad de su  palabra y el espíritu de su amor, le alabamos gozosos cantando el salmo 66, que, recoge jubilosamente, la aclamación y el agradecido reconocimiento de todos los pueblos, a los que, Dios,  hará llegar su justicia y salvación.
.
                    Este salmo, es un Himno de acción de gracias y de petición de bendiciones. El salmista pide a su Dios, Yahveh, que todos los pueblos puedan conocer sus caminos, su justicia y santidad, para que, también ellos, puedan alabarle y darle gracias junto con Israel, su pueblo elegido:

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros:
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

                    Más, la alegría y el júbilo por conocer y amar a Yahveh, brotará, no solo en los pueblos vecinos, sino en todas las naciones, cuando, por la fe y el amor, acepten ser  gobernadas por la justicia y rectitud del Señor; de esta manera, será todo el universo el que, con cantos y aclamaciones, quede incorporado a su gozosa alabanza:  

Que canten de alegría las naciones,
porque riges la tierra con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

                    Y, junto con la alabanza de todos los pueblo y naciones, fruto de la fe y del amoroso conocimiento del Señor; fe y amor que engendran seguridad y confianza en sus designios salvadores; el salmista pide, para todo el orbe, su bendición, porque, solo con ella, con la fuerza de su bondad y poder, podrán amarle debidamente, con temor y respeto:

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

                    Y, porque, en Cristo Jesús, nos ha bendecido Dios Padre plenamente, es decir, con toda clase de bendiciones, seguimos cantando:

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
Que todos los pueblos te alaben.

                    Pues, en Cristo Jesús, se ha hecho realidad la profecía de Isaías: “A LOS EXTRANJEROS LOS TRAERÉ A MI MONTE SANTO, LOS ALEGRARÉ EN MI CASA DE ORACIÓN”, al poner la salvación de Dios al alcance de todo ser humano, y el templo, su morada, La Iglesia, abierta a todos los pueblos que quieran ir a su  encuentro; quedando claro, de esta manera, que la fe, don de Dios, su misma vida entregada, es para todo el que quiera acogerla con amor y hacerla suya.

                    Jesús mismo, proclamando el evangelio del reino, sanando las dolencias del pueblo, revela el nuevo camino de acceso a los bienes mesiánicos. Y el signo, que anticipa y  muestra la salvación gratuita de Dios para todos por la fe, en la curación de la hija de la cananea, obtenida por la fe humilde y perseverante de esta mujer pagana, pero, que posee un corazón confiado y repleto de amor. Por eso pudo escuchar, agradecida, por boca de Cristo Jesús, Salvador de todos los hombres: “Mujer, QUÉ GRANDE ES TU FE: QUE SE CUMPLA LO QUE DESEAS”, quedando convertida, de esta manera, en ejemplo sublime de oración  

                    Y, estar incorporados todos los pueblos a la salvación de Dios, es aceptar que estamos llamados  a ser hijos suyos y  hermanos unos de otros en Cristo Jesús, luz y guía de la humanidad salvada, que avanza segura hacia su plenitud y eternidad.